Carta pública de un padre preocupado por la asignatura "Educación para la Ciudadanía"
"Educación para la Ciudadanía" quiere ser una asignatura de Ética. De hecho, el borrador elaborado previamente a la propuesta de esta materia en la Universidad Carlos III se titulaba "Valores Morales". En principio, parece razonable que se estudie Ética en los colegios, si bien tradicionalmente estos contenidos se incluían de forma explícita en la asignatura de Filosofía, y de forma transversal en todas las asignaturas, dependiendio del ideario de cada centro escolar.
La diferencia entre los contenidos de "Educación para la Ciudadanía" y la Ética impartida en Filosofía es de carácter esencial. En la asignatura de Filosofía el alumno conoce la búsqueda de la verdad ética a lo largo de los siglos, conocimiento que puede enriquecer su búsqueda personal y que le ayuda a formar una capacidad crítica. En Educación para la Ciudadanía, en cambio, se trata de aportar una ética válida para todos, buscando el mínimo común denominador a las diferentes opciones personales.
Educación para la Ciudadanía se basa en la llamada "ëtica de mínimos" o "ética mínima", propuesta hoy por algunos filósofos como Adela Cortina. Partiendo implícitamente de que la verdad ética no existe o bien es incognoscible, estos autores proponen una nueva ética para la sociedad, una ética ciudadana, construida recogiendo las opciones éticas personales generalmente aceptadas por la mayoría de los ciudadanos.
Este razonamiento, aparentemente constructivo, encubre, a mi modo de ver, un error de grandes consecuencias. De hecho, las sociedades siempre han tenido un "mínimo común denominador de opciones éticas personales": es lo que se llama "costumbre". Pero la costumbre de una sociedad, lo generalmente "bien visto" puede ser enormemente inmoral: eso se puede constatar desde la costumbre espartana de despeñar a los recién nacidos "defectuosos", hasta las sociedades esclavistas. Precisamente, la Ëtica que está en las raíces culturales de Europa ha sido ese "Pepito Grillo" que ha cuestionado siglo tras siglo las costumbres, a veces profundamente inmorales, de las diversas sociedades, enfrentándose en ocasiones contra quien ostentaba la autoridad pólítica o moral, cuando ésta era impulsora por acción o facilitadora por omisión de esas costumbres inmorales.
Por eso, la Ëtica Mínima no es en realidad una creación nueva, sino una forma nueva de denominar la costumbre, "lo bien visto". Pero al igualar "Ética" y "costumbre", la ëtica de mínimos sí consigue un efecto nuevo y devastador: hacer desaparecer de la sociedad la verdadera Ética, esa Ética que ejercía la crítica de la costumbre. Así, se denominará "ético" lo comúnmente aceptado en cada momento. Se sustituye una ética que se busca, que se discute, por una ética que se consensúa. Se aparta así una ética que nos cuestiona, y se abraza una falsa ética que nos tranquiliza, diciéndonos que "todo lo que hacemos lo hacemos bien", que "todo lo generalmente aceptado es éticamente aceptable", que "quien está bien visto por la mayoría de sus conciudadanos es un buen ciudadano".
A este planteamiento se llega por dos vías: la primera es el puro relativismo, que desecha la existencia de una verdad ética. La segunda es la presunción de que nuestra sociedad actual carece de deficiencias éticas, y por tanto sus consensos de hecho representan la verdad ética.
En fin, para mí, esto es lo verdaderamente preocupante de Educación para la Ciudadanía: no ya los contenidos que se imparten, sino la concepción esencial de toda la asignatura. Y me preocupa muchísimo, como ciudadano y como cristiano, que esto sólo se esté denunciando desde el Foro Español de la Familia y que, en cambio los representantes de la educación española, tanto religiosa (FERE, etc.) como pública, en general no estén siendo capaces de darse cuenta de este problema y afrontarlo.
No se trata sólo de que las opciones éticas concretas de esta asignatura no sean compartidas por toda la comunidad educativa, problema que podría tener cierta solución. Se trata, principalmente, de que el relativismo moral y la ética de mínimos que fundamentan esta asignatura constituyen una opción, además de errónea, radicalmente alejada de los principios que han construido las sociedades europeas, radicalmente alejada de la concepción moral de muchos ciudadanos y, por supuesto, radicalmente opuesta al pensamiento cristiano.
Desde mi punto de vista, Educación para la Ciudadanía supone un importante cambio en la educación española, cambio que haríamos mal en minusvalorar. Sus consecuencias en la formación humana de nuestros hijos y en la mentalidad de nuestra sociedad pueden marcar un verdadero hito que aún estamos a tiempo de evitar.
Fdo. Un padre
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Carta enviada a numerosos medios de comunicación. Mayo de 2007.
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