La cooperación al aborto no es un acto farmacéutico
(Carta enviada a la revista Farmacia Hospitalaria, cuya publicación fue denegada; más información en archivo adjunto).
Emilio J. Alegre del Rey. Farmacéutico adjunto, HU Puerto Real (Cádiz)
He leído con preocupación, en el número de Mayo de 2005 de Farmacia Hospitalaria, un artículo en el que se revisa la eficacia y seguridad de misoprostol para matar seres humanos en estadío fetal1. Llamar “eficacia” a la eliminación de una vida humana, y hablar de “seguridad” ninguneando la vida del ser que muere, violenta mi sensibilidad, y cuestiona mi responsabilidad como profesional al cuidado de la salud. Contemplarlo, además, en la revista de una asociación científica a la que pertenezco, me hace comprender que estamos permitiendo que el sustantivo “ciencia” o el adjetivo “científico” se utilicen con demasiada facilidad para amparar intereses que no están al servicio a la vida humana, verdadero objetivo de las ciencias biomédicas.
Como es lógico, la Organización Médica Colegial no reconoce el aborto como acto médico. En este caso, se ha explicado que “un acto no es médico porque se recurra a una técnica, a una sustancia o a un instrumento de los que se utilizan en Medicina. Ni tampoco porque se lleve a cabo en un medio hospitalario por los profesionales de la Sanidad. Para que exista un acto médico estas intervenciones deben ir dirigidas a salvar una vida, mejorar la salud, prevenir la enfermedad o rehabilitar al enfermo, en contra de lo que pretende el aborto provocado”2. Análogamente, es preciso que los farmacéuticos reflexionemos si todo procedimiento en el que interviene una forma galénica es un acto farmacéutico3. Conviene que lo reflexionemos con cuidado, porque las posibilidades de cooperar en actos homicidas se han expandido en algunos países4-7, y constituyen una deriva en la que nuestra profesión pierde claramente el fundamento que ha sustentado su desarrollo histórico.
También cabe preguntarse qué es medicamento y qué no lo es. ¿Se puede aceptar como medicamento algo que se administra, no para mejorar el estado de salud, sino para eliminar una vida humana que ha tenido la desdicha de no ser concebida en momento oportuno? Creo que no, y es de esperar que una sociedad científica no fomente acríticamente actos que no se adecúan a los objetivos y principios de la profesión.
Parece oportuno concluir con una famosa cita de Albert Einstein, que Hepler y Strand convirtieron en precioso lema de sus ponencias sobre atención farmacéutica: “La preocupación por el hombre y por su destino siempre debe constituir el principal interés de todos los esfuerzos técnicos. No lo olvidéis nunca”. No olvidemos nunca, por tanto, que la necesaria libertad de investigación y publicación científica sólo tiene sentido cuando es invocada al servicio de la vida humana.
Bibliografía
1. Capilla Montes C, Bermejo Vicedo T. Eficacia y seguridad de misoprostol en obstetricia. Farm Hosp 2005;29(3):177-84.
2. Anon. La interrupción voluntaria no es un acto médico. Diario Médico 1998 (15 de Septiembre).
3. Pharmacists' role in lethal injections debated. Am Med News 1985;28(10):16.
4. Bilsen J, Bauwens M, Bernheim J, Stichele RV, Deliens L. Physician-assisted death: attitudes and practices of community pharmacists in East Flanders, Belgium. Palliat Med 2005 Mar;19(2):151-7.
5. Naafs NJ. Pharmaceutical care until the end: the role of pharmacists in euthanasia in The Netherlands. Pharm World Sci 2001;23(4):129-31.
6. Hanlon TR, Weiss MC, Rees J. British community pharmacists' views of physician-assisted suicide (PAS). J Med Ethics 2000;26(5):363-9.
7. Lau HS, Riezebos J, Abas V, Porsius AJ, De Boer A. A nation-wide study on the practice of euthanasia and physician-assisted suicide in community and hospital pharmacies in The Netherlands. Pharm World Sci 2000;22(1):3-9.
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