En defensa de los indefensos
(Carta al Director, publicada en Diario de Cádiz en Mayo de 2007, sobre el caso de un aborto ilegal provocado en el Hospital de Punta Europa de Algeciras -Cádiz- en agosto de 2006)
En Algeciras, el pasado verano, una mujer embarazada recibió la mala noticia de que su hija sufría una grave enfermedad fetal, y que tenía escasas posibilidades de sobrevivir. Eso debería haber unido al equipo médico y a la familia en torno al problema, haciendo todo lo posible médicamente para salvarle la vida a la niña, y apoyando humanamente a los padres para afrontar la situación y su posible desenlace fatal.
Pero lo que ocurrió fue muy distinto. Los padres no ejercieron de padres, sino todo lo contrario, y quisieron abortar. Varios médicos no ejercieron de médicos, sino todo lo contrario, y ejecutaron el aborto. Intentaron matar primero a la niña inyectándole cloruro potásico para detener su corazón, y como no lo consiguieron, provocaron el parto, sabiendo que aquella bebé enferma no lo aguantaría. Nació muerta, despreciada por todos los que tenían el deber de cuidarla, sin ninguna oportunidad.
Ahora, los tres presuntos médicos que participaron en el aborto se sientan en el banquillo de los acusados, más un cuarto facultativo, envuelto circunstancialmente en el proceso. La madre les ha denunciado por dos detalles sin importancia: piensa que el aborto se produjo fuera del plazo establecido para estos casos, y que la niña no estaba tan enferma. A estas crueles sandeces nos lleva la inicua ley del aborto, como si el derecho a vivir de un ser humano dependiera de un certificado médico o de una fecha en el calendario. Realmente, no viviremos en un estado de derecho mientras alguien pueda decidir legalmente la muerte de otro -peor aún si ese otro es su propio hijo-.
Yo, sinceramente, pienso que en el banquillo de los imputados por aquel aborto y tantos otros, deberíamos estar –y estaremos- todos los que no hagamos frente a esta masacre de bebés en el vientre de sus madres. Es una injusticia, un crimen que clama al Cielo.
Por favor, a usted que lee estas líneas, le ruego que caiga en la cuenta de lo que está sucediendo: respete la vida humana prenatal, defienda a estos seres humanos, embriones y fetos inocentes, desde el primer instante de su vida; luche por ellos con todas sus posibilidades, ayude a sus padres a salir adelante apoyándoles en todo lo que necesiten. Y si es usted un profesional sanitario, por favor, no olvide que, cuando atiende a una mujer embarazada, tiene ante usted no uno, sino dos pacientes a los que debe cuidar y defender: la madre y su hijo.
Emilio Jesús Alegre del Rey
Farmacéutico especialista en Farmacia Hospitalaria
Cádiz (España)
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